viernes, 17 de diciembre de 2010

LA RUBIA DEL GASÓMETRO

Por Dennis Flores

Los pasajes y rutas internas de Siderperú, están cargadas de leyendas obreras. El encuentro con una atractiva mujer de cabellos rubios constituye uno de sus mitos más tenebrosos...

Era una noche fría y el Gasómetro se elevaba majestuoso sobre el complejo en medio de las sombras. Corría el año 1974 y la siderúrgica parecía haber encontrado un equilibrio económico a la crisis de los años anteriores, y por ello, la empresa había elevado la exigencia de producción en todos los niveles para mejorar las utilidades.

En las plantas, los supervisores exigían a los obreros trabajar sin descanso. Esa noche, en No Planos el esmero era mayor. Los trenes laminaban y funcionaban sin parar. El supervisor de turno, conocido como “El Mocho” azuzaba a los mecánicos, electricistas y laminadores para solucionar los desperfectos cotidianos.

Cerca de la medianoche, el fogonero Villanueva, informó a “El Mocho” que en el horno ya no había carga y que la línea de producción estaba paralizando. Encolerizado, el supervisor se trasladó al parque de palanquillas y entre terribles insultos por su descuido, envió al sobrestante Carlomagno a la Planta de Acero por la carga para evitar la interrupción de la producción.

Las solitarias pistas y áreas cubiertas por la desolación, eran rotas sólo por el lejano ronronear de las maquinarias. Las leyendas obreras preñadas de fantasmas invadieron su ánimo, y por un momento intentó retroceder. Al llegar al cruce del Gasómetro, siguiendo la línea férrea, se percató de la presencia de otra persona caminando a varios metros de distancia delante suyo. Eso lo tranquilizó por un momento, y pensó que ya no se encontraba sólo por ese lugar.

Su sorpresa se acrecentó considerablemente al percibir una figura femenina de larga cabellera. Por un momento olvidó la llamada de atención del supervisor por la falta de palanquillas, y apuró el paso para alcanzar a tan inusual personaje.

Una locomotora estacionada y fuera de servicio le permitió detenerse bastante cerca de la extraña dama, para observarla con detenimiento. Todavía de espaldas al sobrestante, la apurada mujer dejaba ver una bien contorneada figura juvenil, que despertó aún más su curiosidad.

Una corriente de aíre frío le despertó de su éxtasis visual y lo obligó a casi correr detrás de la cimbreante mujer para acompañarla y preguntarle el motivo de su insólito paseo nocturno por esos lares, pues estaba prohibido el ingreso de mujeres del cafetín al complejo industrial.

Al llegar al cruce de la Planta de Acero con Hierro Esponja, logró darle alcance y trató de tocarle un hombro para llamar su atención. Entonces ella volvió el rostro hacia él. Bajo su larga y dorada cabellera, la vacía mirada de una calavera lo paralizó por un instante. Luego, el horror erizó sus cabellos y una desesperación mortal lo obligó a huir hacia el Área de Manipuleo.

Con la faz desencajada se refugió en la Oficina de Control de Calidad. Los ahí presentes se sobresaltaron, y ante el terror dibujado en su mirada perdida, trataron de indagar lo que le había sucedido. Mudo testigo del sobrenatural suceso, no fue capaz de articular palabra hasta una hora y media después.

Cuando pudo hacerlo, solicitó una movilidad para retornar a su área de origen, donde se encontró con la línea paralizada por más de media hora. Para cerrar tan infortunada noche, “El Mocho” le recriminó duramente su irresponsabilidad y elaboró un parte en el libro de informes, que desencadenó en una suspensión de tres días. Y todo por culpa de la Rubia del Gasómetro.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

1991, EL AÑO PIONERO...

Fue un año muy importante para nosotros. En 1991, ingresamos un total de 60 alumnos a la recién creada Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Santa; y nuestra primera aula estuvo ubicada en el segundo piso del pabellón de Admisión (frente al cafetín), donde compartíamos carpetas con educación, porque el resto del Campus era un desierto donde solo destacaban los pabellones de las facultades más antiguas.

Por entonces llevábamos el llamado Ciclo Básico Unitario, con todas las demás escuelas, con los mismos profesores y sílabos idénticos. Ese ciclo fue un fiasco total. Al entrar al tercer mes de clases, la FUS organizó una huelga general y pidiendo la anulación del CBU. Ese 1991 perdimos medio año de estudios. Dos meses después iniciamos un nuevo primer ciclo, pero ya con cursos propios de una currícula con varias especialidades.

Para entonces, nuestro primer profesor de carrera fue el prof. Luciano Escobar, a quien siempre recordamos por su tupida barba y el viaje del año siguiente a Lima (donde Raulito Palacios y Luchito Angulo vivieron momentos inolvidables). Recuerdo haber escuchado jurar, en 1991, a un delgadísimo Alberto Pérez, que “nunca, jamás, se pondría un terno, porque esas eran cosas de la burguesía”. Mi gran amigo ha cambiado mucho desde entonces (aunque yo sospecho que ese revólver sobre su frente en un night de Cailloma le cambió mucho la vida, desde 1992).

Se formaron grupos de trabajo. Delmer Lara Quezada se juntó con Juan Carlos Andrade Peixoto, Miguel Rivera Calderón, Ricardo Huamán Pérez, Edwin Núñez Ventura “El Chepo” y el ahora difunto Christian Garcés Castro “Cachiche”. Julissa Ruiz Gonzales formó equipo con Katia Castillo Viera, Yuliana Juárez Leiva, Carmen Cerna Vega y Marina Vega Cruz.

Pilar Sánchez Menacho organizó su grupo con Rocío Ortiz Zafra, Jessica Esquivel Alva, Nancy Arica Benites, Herminia Olivos López, Yolanda Ferré Ventura, Jessica Álvarez Chapilliquén y Rafaela Romero Ramírez.

También formaron grupo, Jeannette Trujillo Palacios, Yolanda Mío Arteaga, Delí Ramírez Romero, María Paiva Ávila y María Teresa Medina Machado. Recuerdo otro grupo con Rosa Arroyo Laguna, Soledad Zevallos Chávez, Mery Izaguirre Arroyo, Rosa Paredes Cipra, Nelly Castro Valerio y Jovanna Camacho Chinchay.

Por mi parte, recuerdo haber hecho grupo, con Alberto Pérez Gonzales, Víctor Arévalo Olguín, Luis Angulo Bejarano, Paula Murillo Estrada, y a veces con Carlos de la Cruz Alcalde y Johnny Espinoza Romero (quienes por diversos motivos siempre fugaban a otros grupos).

Confieso no recordar bien como se conformaba el grupo de Zenaida Arroyo Mestanza. Ella se juntaba con Silvia Ynguil Collado y Jeannette Sánchez Ocaña. A veces integraban a Eric Garibay Anyosa “El Loco”, Maribel Alonzo Merchán, Heidi Hinostroza Córdova, Yenny Soria Cánchez, Moraima Huariz Loyola “Moica” y Ramón de la Rosa.

Recuerdo que las clases de autodesarrollo las llevabamos en distintos ambientes. Yo me inscribí en las clases de teatro, con "El Fori", Johnny Espinoza Jr., Maritere Medina, Yenny Soria, Jovanna Camacho, y no recuerdo quienes más de las escuelas de Enfermería y Acuicultura. Nuestros ensayos eran sobre la azotea del pabellón de Agroindustrias.

Por allí nació la inolvidable comedia "LOS CONDES BELLACOS", donde el conde más gordo se aprovechaba del momento, y le daba tremendos ósculos a la protagonista, quien era una de las mejores amigas de su enamorada (aunque luego recibía tremendas cachetadas por abusador).

Esa comedia nos daba la ventaja de aprovechar para vacilarlo al Presidente de la Comisión de Admisión de la UNS de ese tiempo, el Dr. Juan Manuel Cisneros Navarrete, a quien la “Condesa” lo señalaba como uno de sus "apasionados amantes". En ese entonces, el veterano Dr. Cisneros se ponía colorado como un tomate, en medio de las batientes carcajadas, hasta del súper serio Dr. Barboza, y de todos los asistentes.

1991, fue un año inolvidable. Fue el año cuando se inauguró la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional del Santa. Fue un año, donde tras la celebración de un cumpleaños en el aula, fui víctima de bullyng, por soltar el gallinero completo mientras cantaba una romántica canción, lo que cambió un esperado aplauso en burla despiadada. Definitivamente, un recuerdo inolvidable que hoy dibuja una gran sonrisa en mi rostro. Para variar, ese mismo año, me desquité en un concurso provincial de canto, en donde obtuve algo más que aplausos reales.

1991 fue un año que siempre dará pie para contar muchas más sabrosas anécdotas personales y grupales.

Un abrazo para todos ustedes, amigos míos.

Dennis Flores Sifuentes.